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Ilíada XXI: Los ríos desbordados

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Einar Goyo Ponte ¿Te impacientaste leyendo la Ilíada porque el héroe de la misma no interviene en el poema sino veinte cantos después de iniciado el mismo? ¿Sentiste que las sucesivas aristeías de Diomedes, Agamenón, Menelao, Ajax, Héctor y Patroclo no eran sino atractivas prórrogas de aquello que prometía el Canto donde Aquiles se contiene de atravesarle el pecho a Agamenón y se retira del combate, hasta que su cólera se viese colmada? El Canto XXI colma esas expectativa y ansiedad con creces. El tercer capítulo de la justamente célebre Paideia de Werner Jaeger (1) se llama “Homero el educador”, y en él, su autor sintetiza, de manera genial, en un párrafo, la trama del poema. Y en el siguiente nos hace esta revelación: La terrible cólera de Aquiles, que constituye el motivo de la acción           entera, aparece con el mismo resplandor creciente que rodea a la   figura del héroe. Es la heroicidad sobrehumana de un joven ...

Ilíada XX: Aquiles o el incendio

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Einar Goyo Ponte Ya se extingue la víspera de la entrada en batalla de Aquiles. Todo ha sido dispuesto en el poema, en el mundo, en la guerra para que esto ocurra, y el inicio del Canto XX, lo corrobora al mostrarnos que un movimiento similar se ejecuta en el Olimpo. Zeus informa a sus dioses que él va a sentarse a contemplar la batalla, y que ha decidido dar libertad a todos para que participen en ella, del lado que prefieran. Puede parecer contradictorio, pero no, pues él sabe que el ingreso del Pelida es un factor decisivo para el destino del enfrentamiento entre teucros y aqueos. Los bandos divinos también delatan, de cierta manera, lo que viene: del lado de los sitiadores se agrupan Atenea, Hera, Poseidón , Hefaistos y Hermes, hasta ahora ausente e indiferente de esta guerra; del ala de los sitiados enfilan Ares, Apolo, Artemisa, Latona, el río Janto y Afrodita. Delante del poder inaudito de los tres primeros y la velocidad y recursos del último, no parecen demasiado basti...

Ilíada XVIII-XIX: Aquiles y la luz

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Einar Goyo Ponte Lo personal alcanza cima en el Canto XVIII de la Ilíada . Antes de que Antíloco llegue con la mala noticia, ya Aquiles lo presiente. En el plan, el juego de sustitución, ya era tiempo suficiente para que Patroclo regresase. Además los resultados no son los esperados. Los aqueos siguen retrocediendo. Homero gusta de los extremos, y Aquiles es un carácter pleno de ellos: de la cólera terrible que lo hizo apartarse de la guerra, de su inflexible genio ofendido, pasamos ahora a la negra nube de pesar, a la ceniza que él mismo arroja sobre su cabeza y rostro, al arrastrarse por el piso y arrancarse los cabellos, al horrendo gemido.   Parece exagerado, mujeril, violento, pero así es Aquiles. Lo que tiene no puede contenerse: ni la furia ni el dolor, sólo los dioses pueden asirlo y retardarlo. Y es que Homero tiene una intención, hacer del Eácida la medida de lo heroico. Su grito es tan poderoso que conmueve los mares, allí donde habitan su madre y las nereidas....

Ilíada XVII: El cadáver de Patroclo

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Einar Goyo Ponte La Ilíada no vuelve a ser la misma tras la muerte de Patroclo. La narración, los héroes mismos, el entorno, hasta los dioses acusan el golpe de esa suerte de víctima cósmica que la guerra se ha cobrado. Menelao, suerte de héroe prorrogado que no puede ni rescatar a su esposa ni cobrarse venganza, cuya herida temprana lo mantiene a la sombra de su hermano Agamenón, y que no he hecho más que defender en esta retirada lenta que sufren los aqueos, es dispuesto por la historia para tener su Aristeia , a propósito de Patroclo. Es él quien acude el primero a tratar de rescatar el cadáver del joven, y todo este canto va a narrarnos el arduo intento. Un símil cuya referencia es la maternidad vacuna narra la activación del Atrida y precede a la primera víctima del rescate: Euforbo cae lanceado por Menelao como un árbol derribado como un huracán. Pero Febo Apolo, el cómplice divino de la muerte del héroe, convoca a Héctor y su proximidad hace vacilar al Atrida.   Sin...

Ilíada XVI: Formas y signos del destino

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Einar Goyo Ponte La Ilíada es también una inquisitiva exploración de los meandros, máscaras, derivaciones, espirales en las cuales se manifiesta esa realización de la vida humana que los griegos daban en llamar destino. Hemos estado señalando cómo, desde hace varios cantos, el nombre de Patroclo se ha convertido en el nervio del designio de Zeus. Es el dios quien lo ha marcado como el pasaje a través del cual éste se realizará. Aquiles y Héctor son sus extremos, pero Patroclo es el centro del proceso. Una suerte de bisagra fatal. El canto XVI, el que narra la Aristeia de Patroclo, es además una inquietante descripción de los procesos tortuosos e inesperados que tiene el destino de alcanzar su cumplimiento. El primer signo es el llanto de Patroclo ante Aquiles, al conmoverlo sella su participación en la guerra y activa el designio vislumbrado por Zeus. El segundo es el plan confeccionado por el propio Aquiles, quien aún se niega a volver al combate, y aún espera ver humillado ...

Ilíada XV: El designio de Zeus

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Einar Goyo Ponte Hera ha engañado a Zeus, seduciéndolo en el canto anterior, para dormirlo tras el placer del amor y darle campo libre a Poseidón de que anime y sostenga la respuesta de los aqueos. Pero cuando Zeus despierta, contempla lo que se ha hecho a sus espaldas, y sin embargo, en lugar de enojarse no más de lo que esperaríamos, tras la respuesta quejosa de su esposa, sonríe y responde que el problema es que sólo ven una porción del paisaje, no el cuadro completo, que está a su total alcance. Y de repente, el oculto designio del Padre de los dioses, del que nos anunció Homero que lo medita a partir de la segunda rapsodia, el que hace que creamos que protegerá a los troyanos en la cuarta, el que resulta ambiguo en la anticipación que Zeus le hace a Poseidón sobre el muro aqueo, en la séptima; el que parece decidido en la balanza, y que revela a Patroclo como cadáver anticipado, en la octava; el que parece claro y atroz en el avasallamiento que sufren los argivos durante la ...

Ilíada XIV: Interludio erótico

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Einar Goyo Ponte En lo que podría ser uno de los cantos más impredecibles del poema, el Canto XIV llega con intervención femenina y divina, de parte de dos de los inmortales menos simpáticos del Olimpo: Poseidón y Hera. De hecho, de la poderosa intervención del primero, que equilibra, temporalmente la batalla, surge el nervio de esta rapsodia XIV.  La acción atrevida, sorpresiva de Poseidón, cambiando de humor, e interviniendo detrás de los aqueos, en la batalla, parece conmover a otros inmortales. Cuando creemos que estos son indiferentes o distantes del padecer humano, los encontramos compadeciéndose de los argivos acorralados, incapaces de contener el avance de Héctor y los troyanos quienes los arrinconan contra sus propias naves. Junto con Poseidón, que hace todo lo que está a su alcance en el mundo, al lado de los mortales, Hera, la celosa e irritable esposa/hermana de Zeus, decide hacerlo en el mismísimo cielo, enredando nada menos que al propio Zeus, e involucrando ...