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Ilíada VIII: El reino de la Noche

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Einar Goyo Ponte Zeus es el centro de la Octava Rapsodia de la Ilíada . En los primeros versos reúne a los dioses en el Olimpo y les prohíbe, bajo tremenda amenaza, la intervención en la guerra, ni en uno ni otro sentido. Proclama e inventa para la historia, de paso, la hoy tan discutida política de no injerencia.             Y de la misma manera que en la historia, la declaración del Cronida oculta un verdadero interés inconfesable. El cumplimiento de la palabra empeñada a Tetis en Ilíada, I . Los todopoderosos no pueden resistirse a aquello a lo que su ilimitable poder los conmina: satisfacer a todos aquellos que con lisonjas o reclamo de deudas antiguas les hacen solicitud de algo. Un superpoder conlleva siempre una super responsabilidad, nos enseñó el Hombre Araña: lo mismo ha ocurrido con los Dioses paternos y omnímodos. Su infinita potencia no les evita meterse en formidables problemas, de los cuales, para salir, siempr...

Ilíada VII: Simetría homérica

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Einar Goyo Ponte Todo es dual y pendulante en la séptima rapsodia de la Ilíada. Héctor y Paris reapareciendo, para beneplácito de sus tropas. Homero no nos aclara si por alivio o por simpatía, aunque el bello símil con el viento enviado a los remeros cansados, parezca aludir a lo primero. Enseguida irrumpe la segunda díada trascendental del canto. Atenea, atajada en su vuelo hacia el bando aqueo, por Apolo, que está del lado de los de Ilión. Pero, extrañamente, no hay combate entre ellos, sino, por el contrario, un intento de tregua, para que ambas partes repongan sus fuerzas, quizás en la búsqueda de que el hado opere de un modo más justo, cosa, hasta el momento, excepcional en el poema. Lo que deciden inicia el pendular de la narración. De la órbita divina pasamos a la humana, cuando Héctor, siguiendo el consejo de Heleno, propone a los aqueos la escogencia de un guerrero suyo para que combata con él, cuerpo a cuerpo, con un acuerdo caballeroso que permita la captura de las...

Ilíada VI: Las mujeres de Troya

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Einar Goyo Ponte El intercambio inextricable En sus primeros versos,   la sexta rapsodia de la Ilíada parece una continuación de la morosa y unipersonal por turnos descripción de la batalla: Diomedes, en la prolongación de su Aristeia, sigue sembrando cadáveres por el campo. Lo imitan Euríalo, Polipetes, Odiseo, Antíloco Nestórida, Agamenón, Menelao, quien está a punto de ganarse nuestra incondicional simpatía, al iniciar el gesto de perdonarle la vida a Adrasto, quien en una nueva muestra de la endeble virilidad de los troyanos, se abraza a sus rodillas y pide que no lo mate, pero Agamenón, implacable, lo conmina a que deseche la buena voluntad, y al final vemos al esposo de Helena, apartarlo de su lado para que el comandante de los aqueos pueda alancearlo ferozmente. Pero ya en el hexámetro 72, el canto va alcanzando una autonomía muy peculiar. El próximo episodio vuelve a poner en entredicho la entereza de carácter de los de Ilión. Heleno Priámida aconseja, convencido...

Ilíada V: El influjo de Atenea

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Einar Goyo Ponte El Canto V de la Ilíada comienza con Atenea y su influjo sobre un héroe: Diomedes. La espectacular metáfora de luz (que parece referir más a lo solar que a lo estelar) con la que éste surge marca buena parte de esta rapsodia. Diomedes avanza acicateado por la diosa, como un torrente hinchado, en la traducción de la metáfora que hace Segalá y Estalella, pero en 124, la diosa le otorga un don: le disipa la niebla de los ojos humanos y le permite ver a los dioses invisibles y distinguirlos de los hombres, así podrá desoir sus tentaciones. Le advierte no combatir con los inmortales, pero sí Afrodita interviene en la lid, le ordena herirla. En su libro clásico Paideia , Werner Jaeger nos describe la estrecha relación que existe entre diké e hybris . La diké es la justicia otorgada y recibida, ejercida y sufrida, el verdugo y el condenado, el reparador y el reparado. Esa dinámica del concepto, ese movimiento bidireccional sugiere que también se irradia a la fal...

Ilíada IV: Cuatro cuartos de guerra

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Einar Goyo Ponte No es para nada original la afirmación hecha en la lectura colectiva #Homero2019 de que se perciben cuatro grandes segmentos en Ilíada ,IV: ya Alfonso Reyes (FCE, 1968) en su hermosa traducción y trabajo sobre el poema homérico lo destacaba en el pórtico de su versión de esta cuarta rapsodia. En su honor utilizaremos los subtítulos que el humanista mexicano diese a cada uno en ese momento.             I. Entre los dioses: Es muy breve, pero tremendamente crucial, como siempre en Homero, cada vez que debe narrar la intervención de los dioses. Esta tiene unas características trascendentales, pero ásperas para cualquier narrador, más aún para uno (si es que admitimos la especie de que Homero es un ente singular, pero incluso desde la concepción plural, es válida pues en el período de tiempo en el que se inscribe la creación y fijación de los poemas homéricos, no hay radicales cambios en la concepción de lo rel...

Ilíada III: El grito y la niebla

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Einar Goyo Ponte Los gritos y la niebla son el núcleo de las potentes imágenes con las cuales Homero construye los dos símiles con los que arranca la tercera rapsodia de la Ilíada . Y extrañamente, a medida que vamos avanzando en ella, las dos imágenes, lejos de difuminarse, en la lejanía de las acciones de este breve canto, van persistiendo como si fuesen un proteico leitmotiv que sostiene todo el episodio, por lo demás múltiple, pues cambia velozmente de espacio y de punto de vista narrativo. El grito de las grullas identifica el ruido del ejército troyano, amenazante contra el aqueo. La niebla, densa, oscura, procelosa, es la imagen que indicará el avance griego. El grito: Paris Alejandro, con piel de leopardo, en primera fila troyana desafía a los argivos. La niebla: Menelao, esposo ofendido, como “león hambriento” ve la oportunidad de vengar la oprobiosa afrenta y salta, armado, de su carro de guerra a aceptar el reto del bello troyano. El grito: Paris al verlo, camb...